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Sabugo ¡tente firme!
Abelardo González Blanco
Presidente de la Agrupación Folklórica Sabugo ¡tente firme!

Se cumplen cuarenta y dos años de la constitución de Sabugo ¡tente firme! como agrupación folklórica y veinticinco del Festival Internacional de Música y Danza Popular, edición ésta que acaba de finalizar con un extraordinario éxito de participación y público. Avilés ha sido siempre una villa enganchada a sus viejas tradiciones, a su folklore... y ahí es donde ha estado de forma tenaz esta organización para recoger, conservar y difundir lo mejor de nuestro acervo cultural. Muchas han sido las naciones de Europa, África y América que han tenido conocimiento de nuestros valores musicales y, como digo, folklóricos, gracias al impagable trabajo de quienes ha colaborado, siempre de forma desinteresada, con Sabugo ¡tente firme! En efecto, más de mil personas, casi siempre avilesinas, pero en ocasiones de fuera de nuestra villa e, incluso, de nuestra región, han contribuido al espectacular éxito de la agrupación, principalmente a través de los años, porque no es fácil que una organización absolutamente amateur soporte el inevitable deterioro del tiempo. Por eso hoy, aprovechando esta oportunidad que me brinda La Nueva España , quiero ofrecer mi gratitud a todos cuantos han pasado por los escenarios de medio mundo representando a Sabugo ¡tente firme! que no era otra cosa que representar lo mejor de las tradiciones avilesinas y asturianas.

Tanto Roberto Riestra, a quien muy merecidamente han reconocido con la entrega de una placa en el acto final del Festival como la docena de profesionales del baile y de la música, que supieron dirigir magistralmente sus distintas áreas de responsabilidad, tendrán siempre un recuerdo en esta organización que, como bien saben, ha constituido ahora una Fundación para mantener y preservar el patrimonio que acumular Sabugo ¡tente firme!, ya sea en las vertientes expuestas o en la concesión de los acreditados galardones, lo mas antiguos de Asturias. Quienes llevamos ya tantos años colaborando con el viejo empeño que nación en la Cafetería Germán aquel verano de 1963 mantenemos vivo el espíritu de colaboración con Avilés y los avilesinos. También con Asturias y los asturianos.

Y en ese empeño estaremos hasta que sea posible. Hasta lo razonable. Hoy, simplemente, como queda dicho, no pretendía otra cosa que ensalzar los valores de la Agrupación y de quienes ha hecho posible que se mantuviera intacta en el tiempo difundiendo y manteniendo las viejas tradiciones y el folklore. A las empresas que colaboran con la Fundación y a las autoridades que han apoyado tantas iniciativas y proyectos y a todos, en fin, cuantos nos han premiado con su aplauso y comprensión, muchísimas gracias.

SARDINAS DE ORO
Toni Fidalgo
(Publicado en La Nueva España de Avilés)

Desgranada ya la práctica totalidad de los Premios Príncipe de Asturias del año 2004 se me ocurre, por paralelismo y emulación, recordar y recuperar hoy la memoria presentísima de las Sardinas de Oro de esta villa y de la Fundación Sabugo ¡tente firme! Porque hay que decir, sin ningún grado de presunción pero en honor a la verdad, que estos modestos premios que concede, en realidad el propio pueblo avilesino, son los más antiguos y tal vez los más nobles del Principado y, sin duda, los que abrieron camino y sirvieron de estímulo a los Nóbel universales de la Fundación que dirige Graciano García.

Es obligado rememorar aquí aquel primer nacimiento in vitro en el Germán, año 64, del grupo folklórico decano, que luego derivaría en Fundación y que mientras tanto y sin parar se puso el mundo por picona y propaló por los rincones más insospechados del planeta los bailes de la región y los sones antiguos y majestuosos de la gaita. El grupo, que desde los setenta preside Abelardo González, ha contado con la inestimable colaboración a lo largo de los años de un nutrido grupo de diletantes -Marcos Júnior, Álvaro Álvarez, Román Villasana, Roberto Riestra, Víctor Urdangaray y tantos otros y ahora Nacho Martínez, Juan Carlos de la Madrid , Paco Sánchez, Irene Astariz, Emilio Granda...- que sin presunción y con magnanimidad han hecho -hacen- sociedad civil, avilesinismo, asturianía, cultura popular y han trenzado lazos de buena amistad entre esta Atenas del Principado y muchas otras ciudades lejanas y ahora próximas y queridas.

Desde el inicio de los setenta y entre muchas y crecidas actividades de conferencias, exposiciones, ediciones de libros, y un gran empeño social y cultural del grupo Sabugo, surgió la idea de crear unos premios que distinguieran a personas relevantes, con raíces o referencias aquí y hacerles patente la simpatía y el reconocimiento, tocarles el corazón, con acogimiento sincero y familiar y entregarles unas recién pescadas sardinas de oro, que se encarga de esculpir con manos artesanas el aurífice Pedro Álvarez. Y debo decir que nadie, salvo por enfermedad, rechazó jamás esta distinción, ni la ignoró, ni la agradeció simplemente en la distancia. Aquí estuvieron a recoger las sardinas la reina Sofía, el Príncipe, el ex presidente Suárez, Severo Ochoa, Ramón Areces, Mayor Zaragoza, Vallejo Nájera, García de la Concha , Arturo Fernández, Manuel Fraga, Emilio Alarcos, Grande Cobián. José Luis Garci, Luis del Olmo, Víctor Manuel..., en fin, un amplísimo y brillante catálogo que supone un patrimonio imposible de ser igualado.

Lo he vivido y sé que Avilés hace fiesta un fin de semana por cada otoño o primavera recién estrenada para entregar las Sardinas de Oro. Y que hay en esos días como una palpitación en el aire y que el óvalo del Palacio Valdés se desborda de expectación y que a los premiados les gusta el trato sincero y el cariño de los avilesinos y que escuchan con unción contagiada los sones tan dulces y antiguos de nuestro folklore y que también se ven envueltos o transportados como por una niebla sagrada que bajara de las montañas, por el Asturias, patria querida que los asturianos cantamos como plegaria.

Hoy la Fundación que concede los galardones está presidida por el citado Abelardo González y forman con él, como cofrades patronos, algunos de nuestros mejores y más generosos empresarios: José Cosmen (Alsa) Daniel Alonso (Tadarsa Grupo), Francisco Rodríguez (Reny Picot), Julio Lagares, ex presidente del TSJA y el firmante, orgulloso de colaborar con tan ilustres compañeros. Y también CajAstur, Banco Herrero, Ayuntamiento de Avilés, Autoridad Portuaria, Cámara de Comercio, Hotel Palacio de Ferrera, Los Telares, El Corte Inglés, Aceralia y Dupont, que completan el elenco del Patronato de Honor. Se otorgan en Avilés otros premios, algunos de consistente enjundia, pero creo que no exagero si digo que las Sardinas son ya una seña de identidad en Asturias, fundamentalmente porque nadie puede ofrecer -ya lo he dicho- una nómina de galardonados como esta ni tantos años de éxitos. Y porque reconocen méritos sobrados, pero que en su prestigio también ennoblecen y agrandan nuestro carácter. Y que esta sencillez y humildad se convierten en moneda de oro para el mercado obligado de nuestros días. Aunque en este entorno también alguna empresa y/o reticente empresario que sólo ven triste metal o mentiroso cristal en lo que fabrican.

UNA COSTERA DE HISTORIA
Juan Carlos de la Madrid
(Texto incluido en el folleto de la exposición 40+30 en diciembre de 2003)

Cuando los años sesenta del siglo veinte eran jóvenes aún Avilés vivía una época de cambio, de renacimiento, casi de refundación. La ciudad se poblaba. Se superpoblaba. El aire se llenaba de humos de todos los colores, de acentos extranjeros y de ondas hertzianas que empezaban a llevar palabras en medio de patrocinios y discos dedicados. Todo era nuevo, parecía que el mundo se estaba reinventando a orillas de esta ría. Aquellas aguas que, durante centurias vieran salir peces y entrar mercancías, entonces veían salir fango y entrar prosperidad. Extraña costera.

La historia popular partió entonces al encuentro de los tiempos. Un puñado de amigos, los que hacían tertulia en el café Germán, formaron un grupo de danza prima. Lo que fuera divertimento pasajero acabó convertido, en el año 1963, en el origen de Sabugo ¡tente firme! Desde entonces esta frase, antigua jaculatoria de nuestras calles más viejas, acabó convertida en un mantra infalible, en la respuesta necesaria a aquellos tiempos desordenados, con la calma de los siglos. La experiencia de la historia como maestra, para que Avilés, que tan deprisa ganaba cosas, no acabase perdiendo lo que, desde las raíces, la hacía más fuerte.

Aquel grupo folclórico retomó como nadie el espíritu de los pescadores del barrio de Sabugo, cruzó continentes mostrando como somos, rescatando la herencia de los marineros que se enfrentaron a la ballena armados sólo con su destreza en el gobierno de naves. Aprendió de aquellos pescadores, atrapados en las modestas casas del barrio de Sabugo, que sobrevivieron a la viruela o la tuberculosis sin más armas que el caldo de erizo. Con modestia y con tesón.

Los mismos atributos que aplicaron, desde 1973, en reconocer a quienes, por su trabajo y su ingenio, merecían áurea recompensa recibiendo su bien más preciado: la sardina que alimentó a generaciones de avilesinos. Muchos han sido desde entonces. Han ido haciendo camino; el mismo recorrido que les propone esta exposición, hecha de recuerdos, de trapos, de cacharros y de imágenes de casi medio siglo, flotando en un mar fingido en donde las sardinas y los sardinas son de oro.

Con este trayecto y ese equipo los de Sabugo nos hemos embarcado en otra expedición. Aparejando una flamante nave, la Fundación Galardones Sardina de Oro y con la vista puesta en una costa lejana, pretendiendo como siempre apoyar a Avilés y a Asturias, que navegan hoy en un mar turbulento. Nuestra tripulación tiene el mismo norte que los mareantes del medievo y la misma ilusión que aquellos amigos que un día se juntaron en un café. Cuarenta más treinta años después.

Una suma que representa todo el espíritu de la milenaria historia de Avilés. No se vayan a confundir en la operación: cuarenta más treinta aquí suman mil.

LA BASE DE LA FIRMEZA
Gustavo Bueno
(El Catoblepas. Número 31. Septiembre 2004)
Palabras pronunciadas en la ceremonia de recepción de la Sardina de Oro, el día 10 de septiembre de 2004 en Avilés.

Ante todo, las primeras palabras sean de agradecimiento a los directores de la organización de Sabugo ¡tente firme!, por la ocurrencia que han tenido de darme la «Sardina de oro». Y lo que tengo que decir es, sobre todo, que en Sabugo ¡tente firme! veo, ante todo, un lema moral y ético.

La firmeza es una de las primeras virtudes, según Benito Espinosa, nuestro mentor. La firmeza es la aplicación de la fortaleza a uno mismo o al grupo; después vendrá la generosidad, cuando la fortaleza se aplique a los demás individuos o grupos. Sabugo ¡tente firme! es, por tanto, una verdadera sentencia, un verdadero lema de vida. Y yo creo que tienen que estar orgullosos quienes asumen este lema como suyo.

Sobre todo, si tenemos en cuenta, como ahora se nos acaba de recordar, que Sabugo ¡tente firme! está en función de los barrios de Galiana y de Rivero: Sabugo ¡tente firme!, mientras Galiana y Rivero se hunden. Porque hay que tener en cuenta, y no lo digo yo, lo dice Santo Tomás de Aquino, que los bienaventurados verán acrecentada su gloria y placer cuando vean a los condenados hundidos en el infierno.

Sabugo ¡tente firme!: la Firmeza de Avilés, me gustaría subrayarlo en el momento de esta España que algunos quieren asimétrica, y en donde parece que la base de nuestra firmeza esta más en Europa que en España misma.

Lo que quiero subrayar aquí es el hecho de que la firmeza de Avilés, a través de Sabugo, procede de España. Si Avilés fue grande y firme lo fue precisamente por estar ligada a la ría por la que entraba la sal y muchas otras cosas, a Oviedo, a Asturias y a España. Desde su principio, Avilés fue villa de realengo, por tanto, de ciudadanos libres de clérigos y de aristócratas.

El Fuero que hizo de Avilés una villa ejemplar fue otorgado por Alfonso VI y ratificado por Alfonso VII, el Emperador. ¿Y cómo sería concebible que Avilés hubiera dado figuras e instituciones tan universales si no hubiera estado entroncada desde el principio con España?

La gran figura avilesina de la Edad Media , Rui Pérez de Avilés, intervino, a las órdenes de Fernando III El Santo, en la toma de Sevilla: en el escudo de Avilés, la proa en forma de sierra para cortar las cadenas que cerraban el paso del Guadalquivir, lo atestigua.

Y la mayor gloria de Avilés, la del Adelantado Don Pedro Menéndez de Avilés, el descubridor de la Florida y fundador de la ciudad de San Agustín, se forjó en el servicio de Carlos I, y después, de Felipe II: San Quintín, la Armada Invencible.

Si Carreño Miranda o Bances Candamo alcanzaron a ser lo que fueron se debió a que dispusieron de la Corte de los Austrias como caja de resonancia.

Y dejo de contar, para no entrar en el terreno escabroso, aún hoy para muchos, de la transformación de Avilés en una gran ciudad, como sede de una empresa nacional que llevó el nombre de Ensidesa.

Avilés ha estado ligado esencialmente a España, y si es Avilés, como le pasa a Asturias, es por ser España y no otra cosa. Esta es la lección que yo sacaría de Sabugo ¡tente firme!

El hecho de haber recibido el honroso galardón de la «Sardina de oro» me deja un poco estupefacto cuando se me ocurre recordar una anécdota muy famosa de Diógenes el cínico. Me refiero al mismo Diógenes que vivía en un tonel y que cuando se le acercó Alejandro Magno para preguntarle: «¿Qué quieres que haga por ti?», le respondió: «Pues que te retires un poco para tomar el sol».

Este mismo Diógenes a sus discípulos les obligaba a llevar colgada una sardina cuando salían a pasear por las calles de Atenas. A sus discípulos les daba vergüenza llevarla. ¿Y por qué les daba vergüenza? Porque no habían conocido la sardina de oro que Sabugo ¡tente firme! nos ha entregado.

 
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